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El internado religioso
El internado católico
en el al que mis padres me habían trasladado a
la fuerza en un principio, no causó en mí
nada, salvo desagrado, dado mi temperamento rebelde y
problemático. Las normas eran tan estrictas, estábamos
vigiladas constantemente del mismo modo que un pastor
dirige al rebaño de ovejas y nunca mejor dicho...
Aparte de las madres, monjitas puritanas y en su mayoría
avanzadas de edad que cuidaban de nosotras procurando
moldear nuestro carácter a su imagen y semejanza,
el colegio-internado estaba también ocupado por
un pequeño número de sacerdotes que se ocupaban
de dar la cara por las mujeres del hogar y de nuestra
educación puramente teórica. Pero fuera
de éste clima de armonía y tranquilidad
espiritual, lo que los padres de aquellas jovencitas desconocían
es que aún aisladas de esa manera del mundo exterior,
la depravación formaba parte de ellas mismas. Comentarios,
rumores y jueguecitos sexuales entre las muchachas: lo
que a algunas ...
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La fantasia de mi esposa hecha
realidad
Después de disfrutar
como loco el reinicio de la actividad sexual con Ana,
comencé a maquinar la forma de hacer realidad la
fantasía de mi esposa que quería estar con
otro hombre. Durante algunos días estuve buscando
en los diarios la sección de masajistas para mujeres,
llamé a varios hasta que logré encontrar
un aviso que decía "ARMANDO, negro con excelente
cuerpo, ofrece sus servicios a damas. Músculos
bien definidos, excelente dotación. Llámame,
no te arrepentirás". Esa misma tarde llamé
para averiguar la tarifa y saber las condiciones y dirección.
Le expliqué a Armando que era para complacer una
fantasía de mi esposa. Decidió recibirme
en su apartamento para aclarar los términos. Al
llegar a la puerta me atendió un tipo como de 1,80
mt de estatura, con cuerpo atlético, complemente
negro, no muy bien parecido, pero en fin tenía
algunos rasgos parecidos a los tipos de las películas.
Acordamos el precio y establecimos la logística
a seguir. Le dije que tenía que parecer algo casual
porque mi ...
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El Jardín Prohibido
de Carla
Aquel año la Semana Santa
cayó a finales del mes de abril y un tiempo casi
veraniego acompañó todo el periodo festivo.
Carla disfrutaba de sus primeras vacaciones de Semana
Santa en su nueva casa. Hacía tan sólo unas
semanas que se la habían entregado y aún
quedaba mucho por hacer. Era la típica casa adosada,
en una urbanización a unos 50 Km. de la ciudad.
Con su garage para dos coches, la buhardilla y, cómo
no, el jardín. A Carla, si había algo que
la había decidido a dar el paso de trasladarse
tan lejos de la urbe era el pequeño y cuidado jardín
de la casa, donde, al contrario que la obsesión
de muchos por el césped o las rosas, ella pensaba
cultivar básicamente plantas y hierbas aromáticas.
No en vano, era química perfumista, y los olores
eran su gran pasión. Pablo, el marido de Carla,
era cocinero de cierto prestigio en Barcelona y regentaba
su propio restaurante. Esos días, Pablo tenía
tanto trabajo como el resto del año y Carla pasaba
gran parte del tiempo con detalles de la decoración
de la casa, ...
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La mazmorra
La habían atrapado
por robar el día anterior y estaba ahora parada
frente al tribunal, en una infecta sala de altas mesas
de negra caoba. Su vestido desgarrado mostraba sus senos
jóvenes y turgentes. Podía sentir las miradas
libidinosas recorriendo su cuerpo, relamiéndose,
saboreando cada centímetro de su piel desnuda.
Muchos soñarían con ella esa noche. No hubo
clemencia y marcaron a fuego su hombro izquierdo. El carcelero
la condujo a la celda fría en lo profundo de la
torre sin que viera las miradas que se entrecruzaron entre
dos caballeros sentados en la oscuridad. Horas mas tarde,
la sobresaltó con el sonido de la puerta herrumbrada
al abrirse. Dos hombres enmascarados entraron en la habitación
húmeda y él más alto se adelantó
hacia ella. -Date vuelta- le dijo. Ella obedeció
y él tomó entonces sus hombros y suavemente
aplicó el bálsamo sobre la carne enrojecida.
Un tanto confundida sitió como él comenzaba
a besar su cuello y lentamente su lengua tibia se deslizaba
por su piel. La apretó ...
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Un día de suerte
La tarde caía
en la playa de Levante, una playa alejada de las vías
de comunicación más habituales. Había
llegado a ella por casualidad, buscando desesperadamente
un lugar aislado en el que olvidarme de todo. Dejé
el coche, con una despreocupación algo temeraria,
a unos 200 metros de la playa, y me dirigí hacia
la cala, que aun no veía, pero que un oxidado cartel
ubicaba a esa distancia. Iba en ropa de calle, era Septiembre
y acababa de salir de trabajar. En cuanto noté
la arena, me quité los zapatos y los calcetines
y caminé hasta el extremo opuesto. La cala era
pequeñita, de unos 200 metros de extensión
y acababa y empezaba en sendas rocas gigantes, que se
unían formando un pequeño parapeto solo
hendido por el camino que acababa de recorrer. Tan pronto
llegué al punto elegido, una zona soleada y recogida,
me desnudé completamente y me tumbe. La sensación
de la fresca arena en mi espalda y nalgas y del, aún
tórrido, sol de Septiembre sobre mi desnudez frontal,
hizo que ...
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Camionero
Hacía al menos
2 semanas que no hacía el amor con mi pareja. Cuestiones
de trabajo y estudio nos habían mantenido separados.
Era la primera vez que iba a verle en este tiempo y decidí
vestirme con ropa interior provocativa: un body transparente
color burdeos terminado en una fina tanga (se que le gusta).
Después de una retención de varios kilómetros
llegué a la estación de Cabañal y
allí estaba él esperándome. Creía
que cogeríamos una de las habitaciones del hotel
que hay al lado de la estación y daríamos
rienda suelta a nuestros instintos sexuales más
fuerte, pues veníamos con muchas ganas. Llegó
tarde. Un poco serio se subió a mi auto y me explicó
que sólo tenía media hora para mí,
que debía coger el tren de vuelta a casa pues había
un problema en el trabajo. Así que arranqué
y llevé el coche a un lugar más apartado.
Estaba anocheciendo y había poca iluminación,
aunque de vez en cuando pasaban grupos de viajeros que
iban a tomar el tren. Empezamos con unos ...
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Sorpresa de cumpleaños
Es el día de mi cumpleaños,
mi chica me llama para que vaya a su casa a celebrarlo.
Allí voy y me recibe con ropa muy insinuante y
provocativa. Paso la puerta, y comenzamos a subir las
escaleras sin mediar palabra... Ella va delante y la sigo
admirando sus piernas, con esas bonitas medias negras
con dibujos, y su culete respingón. Ella hace ver
que tropieza y se agacha por lo que yo intento rápidamente
tocarle el culo, a lo que ella se gira rápido y
me dice: -De eso nada, no seas malo. Llegamos arriba y
ante la puerta de su habitación se para. Me hace
entrar. La habitación esta totalmente oscura, no
se ve nada. Entra conmigo y me dice que me quite toda
la ropa y me tumbe en la cama. Obedezco. Entonces noto
como se acerca a mí y comienza a subir por mi cuerpo
rozándome con el suyo, sintiendo su respiración
recorrer mi piel. Me besa y luego baja hasta mi cosa y
comienza a hacerme sentir pero que muy bien. Durante unos
minutos, estoy en la gloria, el ambiente en la ...
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Aire
de noche
Desde su cama aún
le llegaban las extrañas notas. Melodías indescifrables
que llevaban hasta el fondo de sus genes los ritmos de la
noche. Y se escapó. Tuvo la sensación de que
se elevaba unos centímetros por encima de la cama,
sin cables, ni trampa ni cartón que lo sujetasen.
No había ventana, no había puerta que detuvieran
al ser que llevaba dentro y que le había robado el
alma. Saltaba terrazas, literalmente, volaba las cortas
distancias que separaban tejado y tejado. La luz pálida
de la luna bañaba su piel oscura y endurecida. Las
estrellas se estremecían y temblaban al ver puntiaguda
cola, su rostro sin cara, el fuego de sus ojos. Y bajo sus
pies miles de seres continuaban sufriendo, sudando y soñando
como cada día. Respiraba un aliento de fuego helado
que no era aliento. Sus pulmones soplaban más que
cualesquiera otros y su corazón bombeaba litros y
litros de un espeso líquido negro. De tejado en tejado
gatos y palomas huían asustados a su paso. Así
llegó ...
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