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Atada y humillada
Hola mi nombre es Sara, ahora
tengo 19 años, pero cuando sucedió esta
historia tenia 17. No he cambiado mucho desde entonces,
físicamente al menos, soy una chica rubia, de pelo
largo y rizado, ojos oscuros, ni muy alta ni muy baja,
1,67 mas o menos, delgada, mi familia opina que demasiado
delgada, incluso mi madre ha pensado alguna vez que soy
anoréxica, pero os aseguro que no lo soy, simplemente
no engordo, mi cuerpo no esta muy desarrollado, a pesar
de que mi culito es muy bonito, yo opino que es lo mejor
de mi cuerpo, es respingón y duro, así que
se muy bien donde miran los chicos cuando paso. Mis pechos
son pequeños, pero eso sí, están
bien firmes, tanto que a menudo salgo a la calle sin sujetador.
Del resto de mi fisonomía estoy muy orgullosa,
tengo un rostro bastante aniñado y bonito, y tengo
bastante éxito entre los chicos, aunque me este
mal el decirlo. Bien, conocí a un chico llamado
David, nos lo pasamos muy bien en la discoteca pero lo
mejor estaba por llegar ya que al día siguiente
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Revisión y puesta a
punto
¡No me jodas Sofía!
¡Te dije esto debía estar preparado para
hoy! -chilló mi jefe, como si yo estuviese sorda.
Lo siento, es que me han liado con el balance trimestral
-repliqué en un tono defensivo. ¡Me importa
una mierda eso! ¡O haces lo que se te manda o te
pongo en la puta calle! -replicó aquel tipo cuarentón
y desagradable. No me quedó otro remedio que callar.
A mis 26 años recordé los consejos de mi
padre. Siempre me insistía en que fuese a la universidad
a estudiar, pero nunca le hice caso. A los 18 me puse
a trabajar como secretaria en una empresa, abandonando
los estudios. Ahora me arrepentía de aquello, ya
que había descubierto que todos los jefes que había
tenido (más de media docena) eran iguales: orgullosos,
poco agradables, exigentes y amenazadores, sin contar
a aquellos que tenían su máxima aspiración
en llevarme a la cama. Sin rechistar me puse a redactar
aquel informe del carajo. Aunque debía de estar
acostumbrada a aquellas broncas, siempre que las ...
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La Educación de William
Cuando William J.Felix, hijo
conoció a la que habría de ser su señora,
no se imaginó el rumbo que iba a tomar su vida.
A sus cortos 23 años, poca experiencia tenía
con mujeres, educado bajo el amparo protector de su padre
y de su muy sobre protectora madre, los cuales lo habían
acostumbrado a toda clase de lujos y caprichos, haciéndole
la vida fácil, pero educándolo sin defensas
naturales ante las vicisitudes de la vida. Le llamó
la atención en ella, su feminidad, la seguridad
que siempre demostraba en sí misma, su completa
adaptación a toda clase de circunstancias y se
acostumbró durante sus años de noviazgo,
a depositar en ella toda su confianza y a verla como una
persona muy especial, determinada y segura, un respaldo
para su insegura personalidad. María Clara Estévez,
tercera hija de Ricardo y Maria Victoria Estévez,
era, a sus 21 añitos recién cumplidos, toda
una damita con personalidad y belleza envidiables. Galanes
tuvo por montones, jugaba con ellos y desde muy chiquilla,
gracias ...
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El detalle
Su presencia siempre
la había intimidado y esa ocasión no era
la excepción… Cuando abrió la puerta
y lo miro que cruzaba el umbral, palideció al verlo,
hubiera querido salir corriendo. Sin embargo, algo la
contuvo y lo observó con esa sonrisa sardónica
que siempre esbozaba y le daba un aire de perdonavidas…
Él no dijo nada, se limitó a mirar a su
alrededor y con un gesto la invitó a seguirle…
Ella no vaciló y lo siguió para detenerse
ambos en el comedor de la casa. Su sonrisa burlona le
molestaba, pero no dijo nada, era tanto su miedo que nada
de lo que hiciera lo perturbaría, así era
él y tenía que soportarlo. Sólo un
gesto realizó y provocó que ella se inclinara,
dada su gran estatura y con la mano lo tomó, y
lo observó detenidamente, sus ojos se llenaron
de lágrimas, pero no eran de tristeza ni de humillación,
sino de alegría… Y es que para ella, era
desconocida esa expresión de cortesía que
en ese momento le estaba demostrando. Por lo que accedió
a lo que él le estaba ofreciendo ...
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Las vacaciones
El amo esperaba en el
andén a las tres sumisas con las que había
concertado que iban a pasar su mes de vacaciones con él.
Era viernes por la mañana y les había ordenado
que cogiesen el tren de las 10 en punto y que vistiesen
con blusa blanca sin sujetador, Jean azul, sin bragas
y que llevasen el coño sin arreglar. Esperaba y
las vió salir del segundo vagón que era
en el que les había dicho que montaran. Salieron
las tres llevando al hombro una gran bolsa de deporte
donde llevaban su ropa y los juguetes que debían
llevar. Él había quedado aparte con cada
una para tomar un café y conocerse un poco más
pero a efectos de sumisas, sólo habían hablado
por Internet cuando habían marcado los limites
que, casualmente habían quedado igual en los tres
casos, cosa que le había impulsado a realizar éste
proyecto de vacaciones conjuntas. Valerie venía
delante, más atrás venía Sara y más
atrás Ana. Fueron llegando y besando a su amo en
las dos mejillas sorprendiéndose las dos últimas
cuando ...
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Solo pienso en ti
Hola amo: Mientras escribo
esto siento todavía los latidos en mi coño
de puta, varios orgasmos han dejado mi cuerpo de zorra
relajado de momento y tanto mi coño como mi culo
están bien dilatados, creo que a mi amo le gustaría
ver como están ahora sus pertenencias. Antes de
salir del trabajo, por la tarde, hice lo que mi amo me
dijo, subí al baño y me desnudé entera,
oliendo mi tanguita antes de guardarla en el bolso, me
gusta ese olor a sexo, también guarde el sujetador
y me volví a poner el vestido de punto que marca
bien mis pezones prietos, incluso los pellizque un poco
para que se pusieran mas prietos y se notara mi excitación.
Salí a la calle con el abrigo abierto por si me
encontraba con algún hombre que pudiera notar mi
cuerpo desnudo debajo de la ropa. Mi coño estaba
muy húmedo y sentía ese aroma a sexo, aquello
me incitaba más a juntarme a la gente cuando me
la cruzaba. Subí al coche y metí mis dedos
en mi vagina comprobando lo mojado que estaba, ...
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La esclava
Nunca había tenido una
sesión de sumisión delante de su amo y ésta
iba a ser la primera, estaba muy excitada y a la vez nerviosa
por lo que pudiera pasar. Noelia sabía que su coño
cada vez que oía a su amo insultarla y humillarla
se mojaba entero y deseaba ser follado. Noelia recogió
del buzón del amo una llave y un sobre con unas
instrucciones que le había dejado su dueño,
en el sobre había un papel escrito a máquina
con las órdenes, subió, abrió la
puerta, pasó al salón y colocándose
de rodillas delante del sofá con la cabeza gacha
y las manos a la espalda en señal de sumisión
se puso el pañuelo negro en los ojos para tapárselos.
El amo llegó, le oyó caminar y acercarse
a ella, se sentó frente a ella y le ordenó
que le lamiese los pies descalzos en señal de adoración
y obediencia. Cuando hubo terminado y él consideró
que ya estaban bien limpios cogiéndola de los pelos,
la puso de pies en mitad del salón y le dijo: Desnúdate
zorra, quiero ver lo puta que eres pero deja los pantalones
en ...
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Acerca de las falsas sumisas
He conocido gente de
toda raza y condición. La mayoría de esas
personas vinieron a mí, o quizás yo fuese
a ellas, ahora no soy capaz de recordarlo. He conocido
a tanta gente que mis recuerdos se confunden, mezclo nombres,
caras, momentos, lugares… y rara vez acierto. Ahora
algunas de esas personas leerán estas líneas
y creerán que menosprecio cuanto sucedió.
Nada más lejos de mi intención. Todas las
personas (mujeres) con las que traté a lo largo
de mi vida han sido importantes para mí, ya estuviésemos
tomando un inocente café y hablando de la dominación
(y por ende, la sumisión) o ya las tuviese atadas
en el suelo, inmovilizadas y a mi merced. Todas fueron
igual de importantes. Y os preguntareis porque hablo en
pasado. La respuesta es simple: porque aún me queda
demasiado por conocer, demasiado por vivir. El pasado
es una parte, el presente es lo que estoy haciendo ahora
al escribir este relato donde cuento del pasado. De mi
pasado. ¿Y el futuro? Espero ...
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